Con voz propia

Relatos de colegas: siempre hay testimonios, experiencias, voces que tienen mucho para contar, para iluminar, para compartir. De quienes podemos aprender, porque se han atrevido a desandar caminos y, muchas veces, a construir nuevos. Porque muchos de los lugares por los que transitamos como Trabajadoras y Trabajadores Sociales tienen las huellas de quienes han abierto camino.

Porque saben, porque dicen, porque construyen, porque hacen, porque rompen, porque proyectan, porque sueñan, porque producen realidades, porque alzan la voz, porque continúan….Queremos escucharlas, leerlas, resignificarlas… y también homenajear a las colegas que han aportado significativamente al campo profesional de nuestra provincia.

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«Hoy vemos con orgullo como la profesión de Trabajo Social ha ido logrando en estas últimas décadas un lugar de reconocimiento en las intervenciones sociales, en el trabajo con otras disciplinas y en las políticas públicas estatales.
Desde mi mirada profesional, ejercida centralmente como docente e investigadora, considero fundamental bregar y trabajar por una formación profesional con una mirada crítica, atenta a los diversos modos en que se presentan hoy las injusticias, las discriminaciones y las exclusiones que ponen en jaque la vida cotidiana de amplios sectores sociales.
Para eso es fundamental apostar a la solidez conceptual, metodológica, la actitud siempre escudriñadora de la realidad social, difícil, cambiante y compleja en la que nos toca vivir, intervenir y transformar.
A su vez, que estas lecturas sean un impulso creativo para la transformación, a través de acciones colectivas, grupales e individuales en la búsqueda de un sociedad más plena y vivible para todes.
Por último, poner en juego la alegría, el deseo, disfrutando de cada logro, del trabajo compartido y la búsqueda de las estrategias más creativas que podamos desarrollar.
ADELANTE COLEGAS, POR MAS TRABAJO SOCIAL
«

Alicia Genolet


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UNA PRÁCTICA SITUADA
«A mediados de 1984, recién llegada a Urdinarrain contratada como “Asistente Social”, responsable de Acción Social del Municipio y único personal de dicha oficina, comencé a conocer la realidad local y desplegar los primeros lazos con la comunidad.
En la ciudad y zona de influencia no había Trabajadoras Sociales. Por esta razón todas las problemáticas se planteaban en el área a mi cargo: salud, educación, vivienda, discapacidad, violencia, adicciones, entre otras. Tampoco existían dependencias Municipales que colaboraran en su abordaje. Coordinaba con el Hospital y escuelas de Urdinarrain, colegas del Hospital “Centenario” de Gualeguaychú, IAPV, Defensoría de Menores, Consejo Provincial del Menor, etc.
Hasta ese momento, el Municipio no contaba con un área específica de Acción Social. El encargado de atender estos temas era un empleado, también responsable de las oficinas de Tránsito y Catastro. Hugo, con mucho conocimiento de la ciudad y sus habitantes, fue el referente que me facilito el acceso al territorio. No tenía formación en cuestiones sociales, pero era una persona de este pueblo, con muchos años en esta comuna y por esta razón fue, durante un tiempo, una de las fuentes de consulta sobre la realidad local, los vecinos, sus historias, sus problemas. La tarea que también me facilitó la comunicación con la gente, conocerla en su cercanía, allanando los vínculos, fue el pago en domicilio de la Pensión Ley 4035 a personas ancianas y con discapacidad, práctica usual en ese momento.
Mi inserción a nivel comunitario fue propiciada por la Hna. Cecilia Furlanetto, Franciscana de Gante, quien desplegaba su tarea con las mamás y niños del Barrio Jesús Obrero, en el que se concentraban las familias más vulneradas y lo hacía con profundo compromiso. Cuando tomó conocimiento de la presencia de una “Asistente Social “, de inmediato me contactó para trabajar juntas. Ella tenía claro que una Profesional es un recurso humano y echó mano de este. Casi de inmediato se realizarían las primeras convocatorias para charlar con los vecinos, que pronto se fueron formalizando en una comisión y surge la red de agua como necesidad prioritaria, ya que sólo contaban con canilla pública. Se inician las actividades para recaudar fondos (Kermess, festivales folclóricos, jineteadas). Todo se invertía en cañerías y accesorios. Pala en mano, los vecinos encararon la excavación de las primeras cuadras. Por la tarde, la Hna. Cecilia brindaba la merienda, organizaba talleres de costura y charlas con las mamás. Yo me involucraba activamente en cada acción, tanto de la comisión barrial como de las últimas mencionadas.
Pronto, la comunidad organizada caminaba hacia una nueva meta, el Centro Comunitario, que sería alcanzada en 1987, con aportes propios, del Municipio y el Gobierno de E. Ríos. En dicho período se fueron sumando múltiples acciones. Por ejemplo en diciembre de 1984 se lleva a cabo el primer pesebre comunitario, para lo cual se coordinó con la mayoría de las Iglesias (Católica y Evangélicas) de la ciudad, que se repetiría año a año. Lo menciono, ya que permitió la articulación con otros actores de la ciudad, que se replicaría en un futuro próximo. También se emprendieron las huertas familiares.
En ese momento no existía Área Cultura Municipal, por lo que los primeros talleres fueron gestados desde la oficina a mi cargo. Mi práctica profesional estuvo ligada profundamente a esta temática. Comenzamos con talleres de folklore, teatro, el primer Centro de Artesanos Tradicionales, Escuela de Música, Colonia a Vacaciones, entre otros. Una de las experiencias más enriquecedora fue el “Teatro Comunitario”, para lo cual se contaba con talleristas profundamente comprometidas con la comunidad. Recuerdo el momento en que el Municipio realizó una plantación de árboles en el barrio “Jesús Obrero”. El taller de teatro realizó, con niños y jóvenes, una Obra “Plantemos un árbol contra viento y marea”, como herramienta de toma de conciencia. Se convocó a las familias con folletos impresos en
mimeógrafo, que se distribuyeron en cada domicilio.
Se comienza a soñar con un “Jardín Maternal” que sería concretado en 1990, con activa participación, no solo de vecinos del barrio “Jesús Obrero” sino también Instituciones religiosas y educativas locales.
En Julio de 1985, el Honorable Concejo Deliberante propone la creación de un “Hogar de Ancianos” que también compromete a la oficina a mi cargo y que fuera gestionado a través de Asambleas. Se convocó a todas las Iglesias, Partidos Políticos y Juntas de Gobierno de la región. La misma modalidad se utilizó para formalizar los primeros planes sociales, a partir de 1988.
Otra experiencia que impactó en el vínculo con la Comunidad fue la concreción un barrio de Autoconstrucción de 20 viviendas, a partir de 1987, que implicó reuniones periódicas con los adjudicatarios y visitas casi cotidianas a la obra para colaborar en la superación de dificultades y mantener el clima de equipo.

Hoy miro aquellas experiencias como el territorio en el que se fuera gestando mi vínculo Profesional. Observando dicha práctica, a la distancia, me veo como una compañera de ruta de aquellas personas, construyendo un vínculo genuino, en un mutuo aprendizaje. Lo podría sintetizar en un “caminar junto a la gente”. Por supuesto que, desde mi condición de Trabajadora Social, sumaba el conocimiento profesional y por otro lado esa pequeña porción de poder (por ser funcionaria Municipal) que me permitía articular con otros estamentos del Estado Municipal, Provincial y Nacional y el acceso a determinado recursos disponibles a lo que he llamado “poder hacer”.
Considero que el vínculo gestado se debió particularmente a la tarea comunitaria y no sólo a la atención en oficina y visitas domiciliarias, evitando la burocratización del mismo, que es ver al otro como un problema a solucionar. Creo que el camino es entender, comprender, acompañar los procesos, ayudar a descubrir las propias debilidades y fortalezas, ser conscientes de que no existe una sola cultura (la nuestra), sino que hay un otro que tiene una historia y vivencias diferentes. O sea superar los obstáculos epistemológicos.
Es importante destacar, que el asunto que me ocupa, se desarrolló en un contexto histórico muy particular para los argentinos: el comienzo de la democracia y ansias de participación, reprimidas hasta ese momento. Otro factor fundamental fue un Estado presente, en su expresión más cercana, el Municipio, en una localidad pequeña.
Esta es una ajustada síntesis de aquella enriquecedora experiencia»

Ana María del Monte

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Intervención de TS ante la vulneración del derecho básico a la alimentación en niñas de una joven familia paranaense.

<<Juez ordenó a un comercio dar comida a una familia indigente>>. Así tituló El Diario de Paraná, una nota de junio del 2002. Fue a partir de un amparo presentada por el Defensor del Superior Tribunal de Justicia. Recuperamos en pocas líneas la intervención profesional de dos colegas y lo que significó para las condiciones de vida de la familia afectada.

«Invierno 2002, desocupación creciente, aumento de la indigencia y escasas respuestas desde políticas alimentarias. Ante la descompensación por hipoglucemia de la hija mayor (5 años) de una familia integrada por sus jóvenes padres y dos niñas más, de 2 años y de 9 meses, las Trabajadoras Sociales Norma Daolio y Gisela Miño informaron de inmediato a la Defensoría del Superior Tribunal de Justicia de Entre Ríos la situación de riesgo de salud en la que  se encontraban. Se pudieron articular acciones entre Salud y Justicia con el fallo del Juez de Menores N° 2, Roberto Parajon, que enseguida, tomó estado público debido a su decisión valiente y oportuna.

Resolvió la medida cautelar obligando a un supermercado cercano al domicilio de la familia a entregar semanalmente alimentos y productos de limpieza sugeridos por profesionales del Centro de Referencia, Oscar Ramón Carrillo, de Paraná.

*Nota del Colegio de Asistentes Sociales de E.R. (El Diario, 9 de julio 2002)

Norma Daolio

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Para que sirve la Utopía

«Para mantenernos vivos, para no dejar de caminar, es que creemos en la utopía.-
El Trabajo Social es eso, es el horizonte donde queremos ir en cada paso colectivo, porque así lo entendemos, caminamos con otres. Es ese lugar donde ponemos lo que nos sostiene, la convicción del cambio social, de un mundo mejor.
La historia nos ubica cronológicamente sin la posibilidad de modificación, pero sirve para direccionarnos en el presente y en el futuro a construir, de eso sabemos y mucho. La realidad muta en segundos y con ella nosotres.
Desafiamos todo lo imperativo que el sistema derrama, peleamos muchas veces con molinos de vientos y seguimos, porque creemos en la utopía, en lo que nace desde el momento que elegimos esta profesión, está forma de vida para muches. Creemos en el cambio social y apostamos a ello, en la resolución de problemas, en los fortalecimientos de las comunidades, en la liberación de los pueblos, nos abanderamos en los derechos humanos y confiamos en la justicia social.

No terminamos nunca de intervenir, ni de analizar, ni de re pesarnos en esa masa, no siempre homogénea, porque la mirada desde el Trabajo Social es crítica, es en permanente tensión, es bisagra. Convivimos con saberes distintos, con caminos contrariados, con millones de preguntas en un mundo absurdo a veces.
El trabajo social es en su esencia la maravillosa manera de transitar interpelando (nos).
Sabemos de trabajos mal remunerados, de lugares expulsivos y dañinos, de la vulneración de los derechos, de las políticas egoístas y anoréxicas de todo tipo de igualdad.
Sabemos tanto y no siempre somos escuchados. El trabajo social entiende de los silencios, de la empatía y del compromiso.

Somos parte de un ahora, que se modifica y nos modifica. Somos sujetos/as/es de nuestra propia intervención, artífices de la historia que vamos creando.
El trabajo social es inconmensurable en su hacer, empoderando los nadies, los violentados, los silenciados, los expulsados.

Pero también nos empoderamos, transformando nuestro hacer profesional y damos cuenta de ello de manera permanente, creando conocimiento, planificando, evaluando, gestionando, investigando.
Es político nuestro hacer, es histórico, cultural. Así como el contexto que nos envuelve. Entendemos de libertades, de derechos, de justicia social y también de desafíos.
Cobijamos y damos formas a nuevos saberes que dan cuenta de las intervenciones y de las nuevas cotidianeidades.

Cuando digo cobijar, es en el sentido de del cuidado con el que atravesamos las vidas de los demás.

Cuando me invitan a escribir, y aclaro que sería narrativa, recordé algo que lei de Juan L Ortíz sobre la escritura, donde el relaciona la palabra como la flecha lanzada, lo que se desprende y va hacia un blanco. Desde el Trabajo Social intentamos, creo, dar en el blanco, pero en ese desprendimiento de la flecha disparada, vamos nosotres. Llegar al blanco quizás sería la utopía, mientras tanto somos desprendimientos contínuos, que incomodamos, inquietamos y emocionamos».

Roxana Kinder.

Diciembre, 2022.